miércoles, 16 de septiembre de 2026

LA LEYENDA DEL PALUDISMO

 

Serie: RAÍCES DE MI PUEBLO No.07-2026 – “Folklor Narrativo del Pueblo de Sumbilca”



LA LEYENDA DEL PALUDISMO


Escribe: Ruyer Espinoza Yupanqui



                                              Imagen que recrea la Leyenda del Paludismo.


             


En tiempos antiguos, los valles de Pacaybamba, Alancho y sus alrededores eran considerados lugares particularmente vulnerables a las enfermedades propias de las zonas cálidas. Entre los males que afectaban a sus habitantes se mencionaban la uta, la tifoidea y, de manera especial, el terrible paludismo, enfermedad que durante aquellos años sembraba temor y sufrimiento entre las poblaciones asentadas en estos territorios. Su presencia estaba asociada a periodos de enfermedad, muerte y desolación, dejando en la memoria de las comunidades un recuerdo difícil de borrar.

En ese contexto de incertidumbre y temor, la tradición oral de Sumbilca conservó una singular historia que buscaba explicar, desde la imaginación y las creencias populares, el origen o la permanencia de aquella desgracia. Hasta la primera mitad del siglo pasado, en el pueblo se transmitía de generación en generación el relato de una gigantesca serpiente que habitaba en la quebrada de Picay, entre los valles de Pacaybamba y Alancho.

Según contaban los antiguos pobladores, la enorme criatura era de dimensiones extraordinarias. Cuando se desplazaba por la quebrada, su descomunal cuerpo producía fuertes estruendos al golpear la tierra, como si el propio suelo anunciara su presencia. A ello se sumaban unos silbidos intensos y prolongados que podían escucharse en medio de la quebrada. El movimiento de aquel gigantesco animal, acompañado por los latigazos que daba con su cuerpo sobre la tierra, despertaba temor entre quienes transitaban o habitaban aquellos parajes.

La serpiente no era considerada un animal común. Dentro de la creencia popular, se afirmaba que era portadora del paludismo y que su desplazamiento estaba relacionado con la propagación de la enfermedad por los valles. Se decía que permanecía durante un año en Alancho y que, al siguiente, se trasladaba hacia Pacaybamba, recorriendo la quebrada de Picay. De esta manera, su aparición imaginaria quedaba vinculada al retorno periódico de la enfermedad, estableciéndose una relación simbólica entre el movimiento de la criatura y los ciclos de desgracia que padecían los pobladores.

La quebrada de Picay adquiría así una dimensión especial dentro del imaginario colectivo. Sus espacios naturales, sus quebradas profundas y sus lugares apartados constituían escenarios propicios para la creación y conservación de relatos en los que la naturaleza podía adquirir una presencia misteriosa y sobrenatural. En este escenario, la gigantesca serpiente pasó a formar parte de la memoria colectiva como una figura amenazante, capaz de desplazarse silenciosamente por los territorios y llevar consigo el temor de una enfermedad que durante mucho tiempo fue difícil de comprender y controlar.

Con el paso de los años, la historia no desapareció. Por el contrario, permaneció en la tradición oral de los sumbilcanos como un relato destinado a recordar una época marcada por las enfermedades y por la vulnerabilidad de las poblaciones de los valles cálidos. En ausencia de explicaciones científicas al alcance de la población, las comunidades recurrían también a sus propias formas de interpretar los acontecimientos que afectaban su existencia. De este modo, la leyenda permitía representar el origen de la desgracia mediante una figura extraordinaria que podía ser comprendida y transmitida a través de la palabra.

Según la tradición, aquella gigantesca serpiente no habría desaparecido. Los antiguos pobladores aseguraban que se encontraba dormida en algún lugar de la quebrada de Picay, oculta entre sus profundidades y esperando el momento de despertar. Esta creencia introducía un elemento de permanente incertidumbre: mientras la criatura permaneciera dormida, los valles podían vivir en tranquilidad; pero si algún día despertaba, existía el temor de que regresara nuevamente para llevar consigo la desgracia.

Así, la leyenda del paludismo no constituye únicamente una historia sobre una criatura fantástica. También representa una forma de conservar la memoria de un periodo en el que las enfermedades condicionaban profundamente la vida de los pueblos y caseríos de Pacaybamba, Inquirhuay, Piscocoto y otros lugares cercanos. La gigantesca serpiente se convirtió, dentro del imaginario sumbilcano, en una representación simbólica del miedo colectivo provocado por una enfermedad devastadora y difícil de explicar.

Transmitida de generación en generación, esta narración forma parte del patrimonio de la tradición oral de Sumbilca. Su valor radica precisamente en que conserva la manera en que los antiguos pobladores interpretaron y representaron una experiencia histórica que dejó huellas en la memoria comunitaria. La serpiente dormida de Picay permanece, de este modo, como una imagen legendaria en la que convergen la naturaleza, el temor, la enfermedad, la imaginación popular y el recuerdo de los antepasados.




Mientras la tradición continúe siendo relatada, aquella criatura seguirá habitando simbólicamente las profundidades de Picay. Y, en la memoria de los sumbilcanos, permanecerá la antigua advertencia: algún día podría despertar y volver a recorrer los valles, llevando consigo la sombra de una desgracia que el paso del tiempo no ha conseguido borrar completamente del recuerdo colectivo.