Serie: RAÍCES DE MI PUEBLO No.07-2026 – “Folklor Narrativo del Pueblo de Sumbilca”
LA LEYENDA DEL PALUDISMO
Escribe: Ruyer Espinoza Yupanqui
Imagen que recrea la Leyenda del Paludismo.
En tiempos
antiguos, los valles de Pacaybamba, Alancho y sus alrededores eran considerados
lugares particularmente vulnerables a las enfermedades propias de las zonas
cálidas. Entre los males que afectaban a sus habitantes se mencionaban la uta,
la tifoidea y, de manera especial, el terrible paludismo, enfermedad que
durante aquellos años sembraba temor y sufrimiento entre las poblaciones
asentadas en estos territorios. Su presencia estaba asociada a periodos de
enfermedad, muerte y desolación, dejando en la memoria de las comunidades un
recuerdo difícil de borrar.
En ese
contexto de incertidumbre y temor, la tradición oral de Sumbilca conservó una
singular historia que buscaba explicar, desde la imaginación y las creencias
populares, el origen o la permanencia de aquella desgracia. Hasta la primera
mitad del siglo pasado, en el pueblo se transmitía de generación en generación
el relato de una gigantesca serpiente que habitaba en la quebrada de Picay,
entre los valles de Pacaybamba y Alancho.
Según
contaban los antiguos pobladores, la enorme criatura era de dimensiones
extraordinarias. Cuando se desplazaba por la quebrada, su descomunal cuerpo
producía fuertes estruendos al golpear la tierra, como si el propio suelo
anunciara su presencia. A ello se sumaban unos silbidos intensos y prolongados
que podían escucharse en medio de la quebrada. El movimiento de aquel
gigantesco animal, acompañado por los latigazos que daba con su cuerpo sobre la
tierra, despertaba temor entre quienes transitaban o habitaban aquellos
parajes.
La serpiente
no era considerada un animal común. Dentro de la creencia popular, se afirmaba
que era portadora del paludismo y que su desplazamiento estaba relacionado con
la propagación de la enfermedad por los valles. Se decía que permanecía durante
un año en Alancho y que, al siguiente, se trasladaba hacia Pacaybamba,
recorriendo la quebrada de Picay. De esta manera, su aparición imaginaria
quedaba vinculada al retorno periódico de la enfermedad, estableciéndose una
relación simbólica entre el movimiento de la criatura y los ciclos de desgracia
que padecían los pobladores.
La quebrada
de Picay adquiría así una dimensión especial dentro del imaginario colectivo.
Sus espacios naturales, sus quebradas profundas y sus lugares apartados
constituían escenarios propicios para la creación y conservación de relatos en
los que la naturaleza podía adquirir una presencia misteriosa y sobrenatural.
En este escenario, la gigantesca serpiente pasó a formar parte de la memoria
colectiva como una figura amenazante, capaz de desplazarse silenciosamente por
los territorios y llevar consigo el temor de una enfermedad que durante mucho
tiempo fue difícil de comprender y controlar.
Con el paso
de los años, la historia no desapareció. Por el contrario, permaneció en la
tradición oral de los sumbilcanos como un relato destinado a recordar una época
marcada por las enfermedades y por la vulnerabilidad de las poblaciones de los
valles cálidos. En ausencia de explicaciones científicas al alcance de la
población, las comunidades recurrían también a sus propias formas de
interpretar los acontecimientos que afectaban su existencia. De este modo, la
leyenda permitía representar el origen de la desgracia mediante una figura
extraordinaria que podía ser comprendida y transmitida a través de la palabra.
Según la
tradición, aquella gigantesca serpiente no habría desaparecido. Los antiguos
pobladores aseguraban que se encontraba dormida en algún lugar de la quebrada
de Picay, oculta entre sus profundidades y esperando el momento de despertar.
Esta creencia introducía un elemento de permanente incertidumbre: mientras la
criatura permaneciera dormida, los valles podían vivir en tranquilidad; pero si
algún día despertaba, existía el temor de que regresara nuevamente para llevar
consigo la desgracia.
Así, la
leyenda del paludismo no constituye únicamente una historia sobre una criatura
fantástica. También representa una forma de conservar la memoria de un periodo
en el que las enfermedades condicionaban profundamente la vida de los pueblos y
caseríos de Pacaybamba, Inquirhuay, Piscocoto y otros lugares cercanos. La
gigantesca serpiente se convirtió, dentro del imaginario sumbilcano, en una
representación simbólica del miedo colectivo provocado por una enfermedad devastadora
y difícil de explicar.
Transmitida
de generación en generación, esta narración forma parte del patrimonio de la
tradición oral de Sumbilca. Su valor radica precisamente en que conserva la
manera en que los antiguos pobladores interpretaron y representaron una
experiencia histórica que dejó huellas en la memoria comunitaria. La serpiente
dormida de Picay permanece, de este modo, como una imagen legendaria en la que
convergen la naturaleza, el temor, la enfermedad, la imaginación popular y el
recuerdo de los antepasados.
Mientras la
tradición continúe siendo relatada, aquella criatura seguirá habitando
simbólicamente las profundidades de Picay. Y, en la memoria de los sumbilcanos,
permanecerá la antigua advertencia: algún día podría despertar y volver a
recorrer los valles, llevando consigo la sombra de una desgracia que el paso
del tiempo no ha conseguido borrar completamente del recuerdo colectivo.

