martes, 26 de mayo de 2026

LA MIGRACIÓN SUMBILCANA: AÑO 1,900

 

LA MIGRACIÓN SUMBILCANA: AÑO 1,900

Escribe: Ruyer Espinoza Yupanqui


Imagen sintética que simula los viajes que realizaban los sumbilcanos por la ruta de Huachóc hacia la ciudad de Lima.


No es posible determinar con exactitud el momento en que se inició la migración de los pobladores de Sumbilca hacia la ciudad de Lima. Sin embargo, puede afirmarse que, durante los primeros años del siglo XX, ya existían sumbilcanos residiendo de manera permanente en la capital de la República. Asimismo, se tiene conocimiento de que, incluso antes de 1900, algunos habitantes de Sumbilca transitaban con frecuencia hacia Lima; no obstante, dicho desplazamiento aún no puede ser considerado propiamente un proceso migratorio estable, puesto que se trataba principalmente de una movilidad temporal vinculada a actividades comerciales y de intercambio económico.

En ese contexto, resulta importante señalar que, entre las décadas de 1910 y 1925, diversos grupos de sumbilcanos abandonaron temporalmente su lugar de origen para emplearse como peones golondrinos en las haciendas costeras del valle de Chancay. Este fenómeno respondió a la necesidad de obtener recursos económicos complementarios frente a las limitadas oportunidades laborales existentes en las zonas alto andinas. La migración estacional constituyó, por tanto, una de las primeras manifestaciones de movilidad social y económica de la población sumbilcana, configurando progresivamente redes de contacto entre el ámbito rural serrano y los espacios urbanos y agrícolas de la costa central peruana.

Las primeras incursiones hacia la ciudad de Lima se realizaron siguiendo la ruta de Huachóc hacia Comas. Los viajeros efectuaban el recorrido tanto a pie como utilizando animales de carga, especialmente mulas y burros, debido a la inexistencia de carreteras y medios de transporte modernos. La finalidad principal de estos desplazamientos era de carácter comercial, pues los pobladores transportaban productos agrícolas y ganaderos de la sierra —como papa, olluco, maíz, cebada, charqui, lana y derivados pecuarios— con el propósito de venderlos en los mercados limeños. Del mismo modo, aprovechaban el viaje para adquirir artículos manufacturados, herramientas, textiles y otros productos que no podían obtenerse fácilmente en su localidad de origen.

Estas travesías representaban verdaderas jornadas de sacrificio físico y resistencia humana. Los viajes por la ruta Huachóc–Trapiche tenían una duración aproximada de tres a cuatro días, dependiendo de las condiciones climáticas, la intensidad de la caminata y el estado de los caminos. Generalmente, los viajeros se desplazaban en grupos o caravanas, tanto por razones de seguridad como de apoyo mutuo, debido al constante riesgo de asaltos y accidentes durante el trayecto. La solidaridad entre paisanos constituyó un elemento fundamental para afrontar las dificultades del viaje y fortaleció los vínculos de identidad colectiva entre los migrantes sumbilcanos.

Cuando no se presentaban inconvenientes durante el recorrido, los viajeros ingresaban a Lima por la histórica Portada de Guía, ubicada en el actual cruce de las avenidas Francisco Pizarro, Túpac Amaru y Caquetá, en el distrito del Rímac. Posteriormente, continuaban su trayecto por la antigua calle Malambo —actual avenida Francisco Pizarro— hasta llegar al denominado Tambo de Huamantanga, lugar donde habitualmente pernoctaban y establecían contacto con otros migrantes procedentes de la sierra limeña.

El antiguo “Tambo de Huamantanga” desempeñó un papel de gran relevancia en la dinámica migratoria andina hacia Lima. Más que un simple hospedaje, constituyó un espacio de acogida comunal, integración social y articulación cultural para los migrantes provenientes de las provincias alto andinas del departamento de Lima, especialmente de la provincia de Canta. Dicho establecimiento funcionó como centro de residencia temporal, punto de encuentro entre paisanos y base organizativa para las actividades comerciales y religiosas desarrolladas por las comunidades migrantes. Asimismo, contribuyó al fortalecimiento de redes de solidaridad y reciprocidad que facilitaron la adaptación de los recién llegados al entorno urbano limeño.

Después de permanecer aproximadamente entre siete y ocho días en la capital, los viajeros emprendían el retorno hacia Sumbilca, enfrentando nuevamente las dificultades del extenso recorrido andino. Este constante desplazamiento de ida y vuelta no solo permitió el intercambio económico entre la sierra y la costa, sino que también favoreció la circulación de conocimientos, costumbres, experiencias y nuevas formas de organización social que, con el tiempo, influirían significativamente en las transformaciones culturales y económicas de la comunidad sumbilcana.

Posteriormente, durante la década de 1950, el proceso migratorio experimentó un incremento considerable con la llegada de la carretera al pueblo de Sumbilca. La construcción de vías de comunicación facilitó el acceso hacia Lima y otras ciudades costeras, reduciendo los tiempos de viaje y ampliando las posibilidades de desplazamiento permanente. Este acontecimiento marcó un punto de inflexión en la historia local, pues intensificó el éxodo poblacional hacia la capital y consolidó la migración como una estrategia de progreso económico, acceso educativo y búsqueda de mejores condiciones de vida para numerosas familias sumbilcanas.

En consecuencia, la migración sumbilcana debe entenderse como un proceso histórico complejo y gradual, estrechamente relacionado con factores económicos, sociales y territoriales. Más allá del simple desplazamiento geográfico, representó una experiencia colectiva de adaptación, supervivencia y construcción de nuevas identidades, mediante la cual los migrantes mantuvieron fuertes vínculos culturales y afectivos con su tierra de origen, al tiempo que participaron activamente en la transformación social y urbana de la ciudad de Lima.

 

 

 

 Los Pioneros de la Migración Sumbilcana


El artículo “los Pioneros de la Migración Sumbilcana”, fue publicado en la Revista “WALLPO” No. 04, página 22, el año 1982 - revista de la Asociación de Instituciones Sumbilcanas (AIS). Ahora publicamos el mismo artículo en una nueva versión corregida con estilo narrativo.


El alba de 1900 despertó sobre las montañas de Sumbilca como un manto dorado extendido por los dedos de Dios. El pequeño pueblo serrano, enclavado entre cerros silenciosos y quebradas antiguas, parecía respirar con la resignación milenaria de la tierra andina. Allí, donde el viento conversaba con las chachacomas,  y las campanas de la vieja iglesia rompían la quietud de las madrugadas, comenzó la travesía de aquellos hombres y mujeres que habrían de convertirse en los primeros conquistadores del camino hacia Lima.

En las humildes viviendas de adobe, el movimiento empezaba antes que el sol. Las mujeres avivaban el fuego de los fogones mientras el humo ascendía en espirales azulinas hacia los techos de teja rojiza. Los viajeros se preparaban para una empresa que muchos consideraban desmesurada: caminar durante cuatro días atravesando quebradas desérticas, llanuras secas y áridas para llegar a la gran capital.

Cada familia participaba del ritual de la despedida como si fuese una ceremonia sagrada. Las talegas eran llenadas con cancha tostada y trozos de queso anejo y de asado ennegrecido por el carbón; los porongos rebosaban de cachipa fresca para mitigar la sed en los parajes hostiles. Las mulas y los recios asnos aguardaban cargados con sacos de papas y ollucos, semejando pequeñas fortalezas ambulantes destinadas a desafiar la inmensidad del camino.

Los hombres, curtidos por la helada y el trabajo de la chacra, aparentaban firmeza; pero en el fondo de sus ojos ardía una mezcla de esperanza y temor. Sabían que el sendero de herradura no solo estaba poblado de precipicios y soledades, sino también de salteadores que acechaban como lobos invisibles en los descampados cercanos a Trapiche.

Cuando finalmente partieron, el pueblo entero observó la caravana alejarse lentamente por Antacoto. Los cascos de las bestias golpeaban las piedras con un eco grave y melancólico, mientras el polvo se levantaba detrás de ellos como una nube fantasmal. Las madres hacían la señal de la cruz; los niños corrían detrás de los viajeros hasta que el cansancio les vencía; y las ancianas, inmóviles en los umbrales, miraban perderse a sus familiares con la angustia muda de quien ignora si volverá a verlos.

El primer día de viaje estuvo dominado por la montaña. El camino ascendía y descendía entre peñascos gigantescos que parecían vigilar a los caminantes desde tiempos remotos. El frío mordía los rostros al amanecer y, al caer la tarde, el cansancio pesaba sobre los hombros como un yunque invisible. Sin embargo, ninguno se detenía. Avanzaban unidos, formando aquella pequeña caravana solidaria nacida del miedo compartido y de la necesidad mutua.

Al llegar la noche, encendieron una fogata en medio de un paraje desolado, después de Pacaybamba. El fuego iluminó sus semblantes endurecidos y proyectó sombras temblorosas sobre las rocas. Mientras comían en silencio, algunos recordaban las historias de viajeros despojados por bandidos; otros hablaban de Lima como si se tratase de una ciudad fabulosa, donde las calles nunca dormían y las tiendas rebosaban de mercancías maravillosas.

El segundo día fue más cruel. Las montañas quedaron atrás y el paisaje comenzó a transformarse en una vasta extensión seca y desolada. El desierto aparecía ante ellos como un océano inmóvil de arena y polvo. El sol caía verticalmente sobre los viajeros con una violencia abrasadora; el aire ardía en los pulmones y las gargantas se convertían en piedra reseca.

Aun así, seguían avanzando. Las bestias caminaban cabizbajas, arrastrando las cargas entre remolinos de tierra. De vez en cuando, alguno de los hombres levantaba la mirada hacia el horizonte infinito y sentía que el camino jamás terminaría. Pero había algo más poderoso que el agotamiento: la esperanza de vender sus productos en los mercados limeños y regresar al pueblo con dinero, telas finas y las “delicias” de la capital.

Al caer la tarde de aquel segundo día, divisaron a lo lejos unos jinetes desconocidos, que venían por la ruta de Huachóc. Un silencio denso se extendió entre los viajeros. Las manos se tensaron sobre las sogas de las recuas y los corazones comenzaron a golpear con fuerza. Durante unos instantes, el miedo se deslizó entre ellos como una serpiente oscura. Pero los jinetes continuaron de largo, perdiéndose entre las polvaredas del camino. Entonces, un suspiro colectivo alivió la tensión y la caravana prosiguió su marcha bajo un cielo rojizo que parecía incendiarse lentamente.

La tercera jornada estuvo marcada por el cansancio extremo. Los pies inflamados sangraban dentro de los “shucuys”; los cuerpos parecían doblarse bajo el peso del sueño y del esfuerzo. Sin embargo, cuando el amanecer comenzó a teñir el horizonte con tonos cenicientos, apareció ante sus ojos la silueta inmensa de Lima.

La ciudad emergía cubierta por una neblina húmeda y gris, tan distinta al aire puro de Sumbilca. Para aquellos hombres serranos, la capital parecía un monstruo gigantesco respirando humo y bullicio.

Finalmente, después de tres días de penosa travesía, llegaron a la Portada de Guía, el antiguo ingreso a Lima. Allí descargaron las recuas mientras el ruido de la ciudad los envolvía con su confusión interminable: pregones de vendedores, ruedas chirriantes, voces desconocidas y olores que mezclaban el mar, el carbón y la humedad.

Los viajeros contemplaron aquel mundo nuevo con asombro contenido. Algunos sintieron orgullo; otros, nostalgia inmediata por las montañas lejanas. Sin embargo, todos comprendieron que habían cruzado una frontera invisible: ya no eran únicamente campesinos de un remoto pueblo andino, sino pioneros de una ruta que cambiaría para siempre la historia de Sumbilca.

En los días siguientes venderían sus productos, recorrerían las calles limeñas y dormirían hacinados en el “Tambo Huamantanga”, donde el frío capitalino penetraba hasta los huesos. Pero ninguna incomodidad lograría borrar la grandeza de aquella primera odisea.

Porque mientras las noches húmedas de Lima envolvían a los viajeros, en lo profundo de los Andes, la tierra antigua de los ishcayantas esperaba silenciosamente el retorno de sus hijos; aunque también presentía, con la tristeza sabia de las montañas eternas, que la seductora ciudad terminaría conquistando el corazón de muchos de ellos.  

 Ruyer Espinoza Yupanqui.

 

 

 

 

viernes, 3 de abril de 2026

ANTECEDENTES DE LA CREACIÓN POLITICA DE LA PROVINCIA DE HUARAL

 


  El año 1946, en la convención distrital de Acos se proyectó la creación de la provincia de los Atavillos. (Rúpac)

                                                           

 

ANTECEDENTES DE LA CREACIÓN POLÍTICA DE LA PROVINCIA  DE HUARAL (*)

Ruyer Espinoza Yupanqui 



El 29 de abril de 1976 más de 25,000 huaralinos reunidos en la plaza de armas de Huaral estallaron en júbilo cuando el Presidente del Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas, General de División Ejército Peruano Francisco Morales Bermúdez, anunció, durante una visita oficial, la decisión de elevar a la categoría de provincia al entonces distrito de Huaral (1). Esta decisión fue plasmada por el gobierno revolucionario doce días después mediante el Decreto Ley No. 21488, del 11 de mayo de 1976, refrendado por el consejo de ministros, culminando más de cuarenta años de gestiones sostenidas por la población huaralina.

Decreto Ley 21488 (2)

 

El Presidente de la República

Por cuánto:

El Gobierno Revolucionario ha dado el decreto ley siguiente:

El Gobierno Revolucionario

 

Considerando:

 

Que los estudios correspondientes han demostrado que los distritos de Huaral, Chancay Aucallama, Ihuari, Lampián, San Miguel de Acos, 27 de noviembre, Pacaráos, Santa Cruz de Andamarca, Atavillos Alto, Atavillos Bajo y Sumbilca por su unidad geográfica y económica pueden conformar una nueva provincia;

 

Que el distrito de Huaral de la provincia de chancay del departamento de Lima ha alcanzado un notable desarrollo de los pueblos;

 

 

  (*): “Comentario Histórico sobre la Creación Política de la Provincia de Huaral”, publicado por el Centro de Investigaciones Atavillos del Perú-U.N.M.S.M. Mayo-1984.

(1): El Expreso, 22 de mayo de 1976

(2): El Peruano, 12 de mayo de 1976.

 

En uso de las facultades de que está investido y con el voto aprobatorio del Consejo de Ministros ha dado el Decreto Ley siguiente:

 

ARTÍCULO PRIMERO. - Créase en el Departamento de Lima la provincia de Huaral cuya capital será la ciudad del mismo nombre.

 

ARTÍCULO SEGUNDO. - Los distritos que integrarán la provincia de Huaral serán los siguientes: Huaral, Chancay, Aucallama e Ihuari de la provincia de Chancay, y Lampián, San Miguel de Acos, 27 de Noviembre, Pacaráos, Santa Cruz de Andamarca, Atavillos Alto, Atavillos Bajo y Sumbilca de la provincia de Canta.

 

ARTÍCULO TERCERO. - Los límites de la provincia de Huaral se harán los que resulten de los doce distritos que la integran.

 

Dado en la Casa de Gobierno en Lima a los once días del mes de mayo de mil novecientos setenta y seis.

General de División E.P. Francisco Morales Bermúdez Cerruti, Presidente de la República; General de División E.P. Jorge Fernández Maldonado Solari, Presidente del Consejo de Ministros y Ministro de Guerra, encargado de la cartera de Aeronáutica; Vice Almirante A.P. Miguel Ángel de la Flor Valle, Ministro de Relaciones Exteriores; General de División E.P. Jorge Parodi Galiani, Ministro de Marina; Teniente General FAP Jorge Tamayo de la Flor Ministro de Salud y Trabajo; General de División E.P. Gastón Ibáñez o Brian, Ministro de Industria y Turismo; Teniente General FAP, Luis Arias Graziani Ministro de Comercio; Doctor Luis Barúa Castañeda, Ministro de Economía y Finanzas; Contralmirante A.P. Isaías Paredes Arana, Ministro de Vivienda y Construcción; General de Brigada E.P. Rafael Hoyos Rubio, Ministro de Alimentación; General de Brigada E.P. Artemio García Vargas, Ministro de Transporte y Construcción; Capitán A.P. Francisco Montenegro Angulo, Ministro de Pesquería; General de Brigada E.P. Ramón Miranda Ampuero, Ministro de Educación; General de Brigada E.P. Luis Cisneros Vizquerra Ministro del Interior; General de Brigada E.P. Artemio La Torre di Tolla, Ministro de Energía y Minas.

Por tanto:

Mando se publique y cumpla.

Lima 11 de mayo de 1976

G.D.E.P. Francisco Morales Bermúdez, y

G.D.E.P. Jorge Fernández Maldonado S.

 

 

La segregación de los ocho distritos de la zona norte de Canta que conformaban dicha provincia produjo un malestar entre los “canteños” de la zona sur, quiénes supuestamente afectados por la situación lanzaron duros ataques verbales contra los responsables de la creación política de la flamante provincia de Huaral; así el monseñor canteño Heralio Cabrera Huamán, mostraba su desacuerdo en los siguientes términos:

 “El dictador Francisco Morales Bermúdez sin consulta a los pueblos a mano militari quita a Canta los distritos más preciados para formar con ellos la nueva provincia de Huaral. El dictador desconoce la tradición histórica que une a los pueblos desde el incanato (3).

 

 

Exactamente, como dice Cabrera Huamán se quita a Canta sus distritos más preciados. La provincia de Canta antes de su segregación tenía una extensión de 3,193.07 kilómetros cuadrados; tras la creación de la provincia de Huaral, el territorio canteño se redujo a 1, 646,57 kilómetros cuadrados, lo que representa una pérdida del 48,43 por ciento (1,546,54 km²), sin duda, una pérdida territorial de enorme importancia. Desde el punto de vista demográfico, según el censo de 1972, los distritos de la zona norte —actualmente pertenecientes a Huaral— sumaban 14, 150 habitantes, superando a los 13, 561 habitantes de la zona sur de Canta (4)(5).

 Días después de promulgado el Decreto Ley No. 21488 se produjo la instalación del Concejo Municipal de la nueva provincia, nombrándose como primer alcalde al señor Carlos E. Mora Parra en reemplazo de José Pinasco Helguera. Este nuevo nombramiento constituyó la culminación de sus esfuerzos por lograr la provincialización de Huaral (6).

 La decisión del presidente Morales Bermúdez también estuvo influida por vínculos históricos y afectivos con la localidad, dado que su abuelo, el coronel Remigio Morales Bermúdez, promovió la creación de Huaral como distrito el 31 de octubre de 1890.  El 24 de junio de 1976, siete semanas después del anuncio oficial, el mandatario regresó a Huaral con motivo del Septimo


(3): Heralio Cabrera Huamán, “Historia de Canta, a través de sus fuentes escritas”.

(4): Equipo de Promoción Campesina, “Canteños conozcamos nuestras comunidades –1977.

(5): Revista Wallpo, A.I.S. número 03-1981.

(6): Como Cañón-Huaral, número: 10-1983.

 

 Aniversario de la Reforma Agraria y el Día del Campesino, ocasión en la que dirigió un mensaje a la nación, su discurso empezaba así:

 “Hermanos Campesinos de los valles del norte, hermanos Campesinos de todo el Perú,  hermanos de huaral…” (7).

El evento fue transmitido a nivel nacional por tres canales de televisión y contó con la presencia de ministros, dirigentes agrarios y delegaciones campesinas de diversos valles del país, entre ellos: Eustaquio Maille, Presidente de la Confederación Nacional Agraria y varias delegaciones campesinas de los valles de Lima, Mala, Lurín, Rímac, Chillón, Chancay, Huacho, Huaura, Barranca, Pativilca (8).


PROYECTO DE CREACIÓN DE LA PROVINCIA DE HUARAL

El primer intento de creación de la provincia de Huaral data de 1923, impulsado por un grupo de residentes huaralinos encabezados por Luis Colán y Ernesto Tovar, quienes presentaron el proyecto ante la Cámara de Diputados a través del representante Emilio Sayán Palacios (9)(10); el mismo que, años después presentaría al parlamento varios proyectos solicitando la elevación a categoría de departamento a la provincia de chancay (11).

En 1945 el alcalde Daniel Lecaros promovió una nueva iniciativa sin éxito. Ese mismo año con el triunfo de Bustamante y Rivero ocurre una intensa politización de todo el valle de Chancay. En  octubre de 1946 el partido aprista por intermedio de su Comité Sectorial 5to. del


(7): El Expreso, 25 de junio de 1976.

(8): El Comercio, 25 de junio de 1976.

(9): Mendizábal L.Emilio, “Pacaraos: una comunidad en la parte alta del valle de Chancay-

             Revista del Museo Nacional- 1964.

(10): Rosas Cuadros Emilio: La provincia de Chancay en la Colonia y Emancipación. 1976-

                 Imprenta Grafica Industrial.

(11): La Prensa, 24 de febrero de 1973.

 

 

Rímac organizó una convención interdistrital en el pueblo de Acos, a donde asistieron representantes de los distritos y comunidades del valle alto de Huaral, en dicha reunión se pediría la creación de una nueva provincia y se aprobaría el Congreso Económico Nacional (12). Se tomó especial consideración el pronunciamiento oficial que hicieron los alcaldes distritales en el cual pedían su emancipación de la provincia de Canta y la creación de una nueva provincia a la que llamarían “Atavillos” en recuerdo de la antigua civilización pre inca que se localizó en dicha región, tal pedido fue aprobado por unanimidad y con beneplácito de los presentes (13).

En 1947, nuevamente el partido de aprista organiza otra reunión esta vez en Huaral con la asistencia de los alcaldes distritales del valle bajo y representantes de las comunidades campesinas y los comités apristas de Trujillo, Huacho, Lima, Ica y Chiclayo. En esta reunión se acordó la creación de la provincia de Huaral. El interés del partido aprista de querer una nueva provincia se ve truncado cuando en 1948 ocurre el golpe militar de Manuel Odría (14).

En 1951, el alcalde de Huaral don Aurelio Buitrón Montalbán recibe varias comunicaciones de los alcaldes de la región solicitándole que agilice los trámites sobre la creación de la provincia; esta vez con el apoyo del doctor Teodoro Casana Robles designado por la Sociedad Geográfica de Lima para realizar los estudios sobre las demarcaciones y límites de la nueva provincia.

El año 1957, se conformó un comité para la creación de la provincia de Huaral, presididos por el Dr. José Figueroa Arzola y el señor Mariano Ramírez, quienes continuaron con las gestiones (15). Ese  mismo año, ocurre  otro intento  de  don Julio C. Luque y del Dr. Pedro


(12): Fuenzalida Vollmar Fernando, “El Desafío de Huayopampa”. I.E.P. 1982.

(13): Celestino Cuadrado Olinda, “Migración y cambio estructural: la comunidad de Lampián”-

                 Instituto de Estudios Peruanos IEP- 1972.

(14): Celestino Cuadrado Olinda, (Ibit. 13)

(15): Revista Wallpo, A.I.S. (Ibit. 05)

 

 Minaya Paredes; el año 1961, don Carlos Mora Parra prepara otro proyecto de creación. El año 1975, siendo alcalde Carlos Mora Parra, se formó una comisión que reinició las gestiones paralizadas, integrada por los ciudadanos: Antonio Meza, Urbano Salvador y Vicente Caro Arroyo.

Finalmente, el 11 de mayo de 1976, el anhelo de los pueblos ubicados a lo largo de la cuenca hidrográfica del río Chancay se cristaliza al crearse la provincia de Huaral.


LA NECESIDAD DE CREAR UNA NUEVA PROVINCIA

La demarcación política de la provincia de Canta se remonta a la época del antiguo reino de los Atavillos cuyo núcleo geográfico se localizó en el valle alto de chancay, sus límites territoriales eran por el norte con Cajatambo, por el sur con Huarochirí, por el este con el valle de Junín y por el oeste con los llanos costeros. Cinco señoríos: Piscas, Pari, Xocos o Huamantanga, Canta y los Atavillos (16), conformaban este extenso reino.

En tiempos preincaicos, la civilización de los Atavillos tenía por capital a la milenaria metrópoli de Chiprak, a la llegada de los incas por conveniencia política de los cusqueños la capital fue trasladada a Bombón (Pumpo) en Junín; producido la conquista española, los Atavillos ve trasladar una vez más su capital hacia la ciudad de Canta por convenir a los intereses españoles (17). Sin duda esta nueva modificación político-administrativa motivó que los Atavillos decayera y perdiera su importancia en favor de Canta que crecía en importancia al amparo de los españoles. No debemos olvidar que anteriormente Canta era apenas un frágil señorío tributario y sujeto los Atavillos (18).


(16): Rostworowsky María, Señoríos indígenas de Lima y Canta, 1975.

(17): Espinoza Yupanqui Ruyer, “Comentario histórico sobre la fundación española de Canta-

                 Centro de Investigaciones Atavillos del Perú- CIAP,1983.

(18): Espinoza Yupanqui Ruyer, “El Antiguo Reino de los Atavillos, CIAP, 1982.

 

 Sobre los territorios que ocuparon los cinco curacazgos confederados a los Atavillos, nace primero la “provincia de los Atavillos”, luego tuvo la denominación de “provincia de los Atavillos de Canta”, después paso a llamarse “provincia de canta y los Atavillos”, para finalmente quedar simplemente como “provincia de Canta” (19).

Esta demarcación política heredada de la antigua provincia de los Atavillos, es modificada el año 1836 cuando por decreto del General Andrés de Santa Cruz, los pueblos de la transvertiente occidental de la altiplanicie de Bombón pasan a formar parte del departamento de Pasco, desde entonces el territorio de la provincia de Canta no habría de modificarse sino hasta 1976, cuando se crea la provincia de Huaral. No obstante, durante aproximadamente cuatro siglos, la ubicación geográfica de la capital provincial —en el extremo sur— dificultó la gestión administrativa de los distritos del norte. Esta situación generó desigualdades en la atención estatal, evidenciadas incluso en la organización del magisterio, dividido entre zonas norte y sur. En efecto, los profesores canteños por conveniencia gremial, político y social se agruparon en dos, maestros de la zona norte y maestros de la zona sur de Canta quienes faltando a la unidad del “Magisterio Nacional de Maestros Primarios de la Provincia de Canta”, realizaban reuniones y tomaban acuerdos por separado (20)(21).

 COMUNICADO: Del “Comité Local del Sindicato nacional de Maestros Primarios de Marco, a los maestros de la zona Sur de Canta… teniendo en cuenta el grave estado de la “Asociación Provincial de Maestros Primarios de Canta” a raíz de que los maestros de la zona norte de la provincia se reúnen sin tener en cuenta a sus colegas de la zona Sur.. (22).

Esta notoria discrepancia, muy acentuada o muy mínima entre el magisterio canteño, a la postre, contribuyó a alimentar la conciencia del poblador de la zona norte en su afán de buscar su independencia política de Canta.


(19): Espinoza Yupanqui  Ruyer, (Ibit. 17)

(20): Revista Ideal, número 01- 1960 - Canta

(21): Revista Magisterial, número 03 -1960- Canta

(22): Revista Magisterial, (Ibit. 21)

 

 A la inadecuada ubicación geográfica de la ciudad de Canta como sede administrativa provincial, se suma el poco interés de sus autoridades en ayudar al progreso de los pueblos de la zona norte; así tenemos que en el año 1964, la partida del presupuesto funcional de la República para la provincia de Canta se invierte en obras públicas en la zona norte el 35.12 por ciento, y  quedando en la zona sur el 64.88 por ciento, sin lugar a dudas, muy Injusto y desproporcionado la comparación de las cantidades si tenemos en cuenta que eran ocho los distritos de la zona norte y siete los distritos de la zona sur. En el año 1965 el presupuesto asignado para la provincia de Canta se distribuye el 29.87 por ciento entre los pueblos de la zona norte quedando en la zona sur el 70.13 por ciento. En 1966 se asigna a zona norte solo el 17.34 por ciento, mientras que la zona Sur se destina el 82.66 por ciento (23).

Las cifras de estos tres años nos muestran cómo era la política de Canta para los pueblos de la zona norte; los ofrecimientos demagógicos de los políticos morían al ganar una elección, como era costumbre los pueblos eran utilizados para satisfacer ambiciones individuales o de grupos de gran poder económico de Canta (24).

“Usando los métodos reprobables del chantaje, el caciquismo político pretendió sorprender a la ciudadanía de la zona norte de Canta reunida en Acos” (25).

 

Esos fueron algunos de los antecedentes de la creación de la provincia de Huaral, hemos comprobado la falsedad del decir canteño que la provincia de Canta se creó contra la voluntad de los pueblos de la zona norte, y lo más importante, para aprobar la creación de la provincia de Huaral, representa el hecho real que la totalidad de los pueblos escindidos  están localizados en la cuenca hidrográfica del río Chancay, constituyendo por lo tanto, una unidad geográfica, económica y social con algunas pequeñas  variantes  respecto  a  las condiciones  climáticas, de  aprovechamiento  de recursos y de comportamiento humano. El año 1968  los


(23): Cifras porcentuadas de Canta presente y futuro plan Nacional coalición del Pueblo.1977.

(24): Comunidad campesina de Lachaqui, la verdad sobre su lucha. EPSE-1978.

(25): “Sumbilca”, número 07 -1961

 

 investigadores sociales del Instituto de Estudios Peruanos publicaron un trabajo donde llegaban a estas conclusiones:

“A pesar de que el valle de Chancay es una micro región que posee una unidad que lo caracteriza, desde el punto de vista político administrativo se encuentra dividido: perteneciendo a la provincia de Chancay y a la provincia de Canta… Esta absurda división política del valle no invalida de modo alguno el que se lo considere una unidad dentro de la cual existe una pluralidad de situaciones” (26).

En síntesis, la creación de la provincia de Huaral respondió a una necesidad histórica, geográfica y socioeconómica. En la actualidad, esta jurisdicción se ha consolidado como una de las más dinámicas del país, destacando por su producción agropecuaria y su contribución al abastecimiento de la ciudad de Lima.

Lima, 11 de mayo de 1984.

 

 

 

 

 

 

 

 

  (26): Fuenzalida Vollmar Fernando, (Ibit. 12)

 

 RAICES DE MI PUEBLO- Segunda Edición 2026