viernes, 3 de abril de 2026

ANTECEDENTES DE LA CREACIÓN POLITICA DE LA PROVINCIA DE HUARAL

 


  El año 1946, en la convención distrital de Acos se proyectó la creación de la provincia de los Atavillos. (Rúpac)

                                                           

 

ANTECEDENTES DE LA CREACIÓN POLÍTICA DE LA PROVINCIA  DE HUARAL (*)

Ruyer Espinoza Yupanqui 



El 29 de abril de 1976 más de 25,000 huaralinos reunidos en la plaza de armas de Huaral estallaron en júbilo cuando el Presidente del Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas, General de División Ejército Peruano Francisco Morales Bermúdez, anunció, durante una visita oficial, la decisión de elevar a la categoría de provincia al entonces distrito de Huaral (1). Esta decisión fue plasmada por el gobierno revolucionario doce días después mediante el Decreto Ley No. 21488, del 11 de mayo de 1976, refrendado por el consejo de ministros, culminando más de cuarenta años de gestiones sostenidas por la población huaralina.

Decreto Ley 21488 (2)

 

El Presidente de la República

Por cuánto:

El Gobierno Revolucionario ha dado el decreto ley siguiente:

El Gobierno Revolucionario

 

Considerando:

 

Que los estudios correspondientes han demostrado que los distritos de Huaral, Chancay Aucallama, Ihuari, Lampián, San Miguel de Acos, 27 de noviembre, Pacaráos, Santa Cruz de Andamarca, Atavillos Alto, Atavillos Bajo y Sumbilca por su unidad geográfica y económica pueden conformar una nueva provincia;

 

Que el distrito de Huaral de la provincia de chancay del departamento de Lima ha alcanzado un notable desarrollo de los pueblos;

 

 

  (*): “Comentario Histórico sobre la Creación Política de la Provincia de Huaral”, publicado por el Centro de Investigaciones Atavillos del Perú-U.N.M.S.M. Mayo-1984.

(1): El Expreso, 22 de mayo de 1976

(2): El Peruano, 12 de mayo de 1976.

 

En uso de las facultades de que está investido y con el voto aprobatorio del Consejo de Ministros ha dado el Decreto Ley siguiente:

 

ARTÍCULO PRIMERO. - Créase en el Departamento de Lima la provincia de Huaral cuya capital será la ciudad del mismo nombre.

 

ARTÍCULO SEGUNDO. - Los distritos que integrarán la provincia de Huaral serán los siguientes: Huaral, Chancay, Aucallama e Ihuari de la provincia de Chancay, y Lampián, San Miguel de Acos, 27 de Noviembre, Pacaráos, Santa Cruz de Andamarca, Atavillos Alto, Atavillos Bajo y Sumbilca de la provincia de Canta.

 

ARTÍCULO TERCERO. - Los límites de la provincia de Huaral se harán los que resulten de los doce distritos que la integran.

 

Dado en la Casa de Gobierno en Lima a los once días del mes de mayo de mil novecientos setenta y seis.

General de División E.P. Francisco Morales Bermúdez Cerruti, Presidente de la República; General de División E.P. Jorge Fernández Maldonado Solari, Presidente del Consejo de Ministros y Ministro de Guerra, encargado de la cartera de Aeronáutica; Vice Almirante A.P. Miguel Ángel de la Flor Valle, Ministro de Relaciones Exteriores; General de División E.P. Jorge Parodi Galiani, Ministro de Marina; Teniente General FAP Jorge Tamayo de la Flor Ministro de Salud y Trabajo; General de División E.P. Gastón Ibáñez o Brian, Ministro de Industria y Turismo; Teniente General FAP, Luis Arias Graziani Ministro de Comercio; Doctor Luis Barúa Castañeda, Ministro de Economía y Finanzas; Contralmirante A.P. Isaías Paredes Arana, Ministro de Vivienda y Construcción; General de Brigada E.P. Rafael Hoyos Rubio, Ministro de Alimentación; General de Brigada E.P. Artemio García Vargas, Ministro de Transporte y Construcción; Capitán A.P. Francisco Montenegro Angulo, Ministro de Pesquería; General de Brigada E.P. Ramón Miranda Ampuero, Ministro de Educación; General de Brigada E.P. Luis Cisneros Vizquerra Ministro del Interior; General de Brigada E.P. Artemio La Torre di Tolla, Ministro de Energía y Minas.

Por tanto:

Mando se publique y cumpla.

Lima 11 de mayo de 1976

G.D.E.P. Francisco Morales Bermúdez, y

G.D.E.P. Jorge Fernández Maldonado S.

 

 

La segregación de los ocho distritos de la zona norte de Canta que conformaban dicha provincia produjo un malestar entre los “canteños” de la zona sur, quiénes supuestamente afectados por la situación lanzaron duros ataques verbales contra los responsables de la creación política de la flamante provincia de Huaral; así el monseñor canteño Heralio Cabrera Huamán, mostraba su desacuerdo en los siguientes términos:

 “El dictador Francisco Morales Bermúdez sin consulta a los pueblos a mano militari quita a Canta los distritos más preciados para formar con ellos la nueva provincia de Huaral. El dictador desconoce la tradición histórica que une a los pueblos desde el incanato (3).

 

 

Exactamente, como dice Cabrera Huamán se quita a Canta sus distritos más preciados. La provincia de Canta antes de su segregación tenía una extensión de 3,193.07 kilómetros cuadrados; tras la creación de la provincia de Huaral, el territorio canteño se redujo a 1, 646,57 kilómetros cuadrados, lo que representa una pérdida del 48,43 por ciento (1,546,54 km²), sin duda, una pérdida territorial de enorme importancia. Desde el punto de vista demográfico, según el censo de 1972, los distritos de la zona norte —actualmente pertenecientes a Huaral— sumaban 14, 150 habitantes, superando a los 13, 561 habitantes de la zona sur de Canta (4)(5).

 Días después de promulgado el Decreto Ley No. 21488 se produjo la instalación del Concejo Municipal de la nueva provincia, nombrándose como primer alcalde al señor Carlos E. Mora Parra en reemplazo de José Pinasco Helguera. Este nuevo nombramiento constituyó la culminación de sus esfuerzos por lograr la provincialización de Huaral (6).

 La decisión del presidente Morales Bermúdez también estuvo influida por vínculos históricos y afectivos con la localidad, dado que su abuelo, el coronel Remigio Morales Bermúdez, promovió la creación de Huaral como distrito el 31 de octubre de 1890.  El 24 de junio de 1976, siete semanas después del anuncio oficial, el mandatario regresó a Huaral con motivo del Septimo


(3): Heralio Cabrera Huamán, “Historia de Canta, a través de sus fuentes escritas”.

(4): Equipo de Promoción Campesina, “Canteños conozcamos nuestras comunidades –1977.

(5): Revista Wallpo, A.I.S. número 03-1981.

(6): Como Cañón-Huaral, número: 10-1983.

 

 Aniversario de la Reforma Agraria y el Día del Campesino, ocasión en la que dirigió un mensaje a la nación, su discurso empezaba así:

 “Hermanos Campesinos de los valles del norte, hermanos Campesinos de todo el Perú,  hermanos de huaral…” (7).

El evento fue transmitido a nivel nacional por tres canales de televisión y contó con la presencia de ministros, dirigentes agrarios y delegaciones campesinas de diversos valles del país, entre ellos: Eustaquio Maille, Presidente de la Confederación Nacional Agraria y varias delegaciones campesinas de los valles de Lima, Mala, Lurín, Rímac, Chillón, Chancay, Huacho, Huaura, Barranca, Pativilca (8).


PROYECTO DE CREACIÓN DE LA PROVINCIA DE HUARAL

El primer intento de creación de la provincia de Huaral data de 1923, impulsado por un grupo de residentes huaralinos encabezados por Luis Colán y Ernesto Tovar, quienes presentaron el proyecto ante la Cámara de Diputados a través del representante Emilio Sayán Palacios (9)(10); el mismo que, años después presentaría al parlamento varios proyectos solicitando la elevación a categoría de departamento a la provincia de chancay (11).

En 1945 el alcalde Daniel Lecaros promovió una nueva iniciativa sin éxito. Ese mismo año con el triunfo de Bustamante y Rivero ocurre una intensa politización de todo el valle de Chancay. En  octubre de 1946 el partido aprista por intermedio de su Comité Sectorial 5to. del


(7): El Expreso, 25 de junio de 1976.

(8): El Comercio, 25 de junio de 1976.

(9): Mendizábal L.Emilio, “Pacaraos: una comunidad en la parte alta del valle de Chancay-

             Revista del Museo Nacional- 1964.

(10): Rosas Cuadros Emilio: La provincia de Chancay en la Colonia y Emancipación. 1976-

                 Imprenta Grafica Industrial.

(11): La Prensa, 24 de febrero de 1973.

 

 

Rímac organizó una convención interdistrital en el pueblo de Acos, a donde asistieron representantes de los distritos y comunidades del valle alto de Huaral, en dicha reunión se pediría la creación de una nueva provincia y se aprobaría el Congreso Económico Nacional (12). Se tomó especial consideración el pronunciamiento oficial que hicieron los alcaldes distritales en el cual pedían su emancipación de la provincia de Canta y la creación de una nueva provincia a la que llamarían “Atavillos” en recuerdo de la antigua civilización pre inca que se localizó en dicha región, tal pedido fue aprobado por unanimidad y con beneplácito de los presentes (13).

En 1947, nuevamente el partido de aprista organiza otra reunión esta vez en Huaral con la asistencia de los alcaldes distritales del valle bajo y representantes de las comunidades campesinas y los comités apristas de Trujillo, Huacho, Lima, Ica y Chiclayo. En esta reunión se acordó la creación de la provincia de Huaral. El interés del partido aprista de querer una nueva provincia se ve truncado cuando en 1948 ocurre el golpe militar de Manuel Odría (14).

En 1951, el alcalde de Huaral don Aurelio Buitrón Montalbán recibe varias comunicaciones de los alcaldes de la región solicitándole que agilice los trámites sobre la creación de la provincia; esta vez con el apoyo del doctor Teodoro Casana Robles designado por la Sociedad Geográfica de Lima para realizar los estudios sobre las demarcaciones y límites de la nueva provincia.

El año 1957, se conformó un comité para la creación de la provincia de Huaral, presididos por el Dr. José Figueroa Arzola y el señor Mariano Ramírez, quienes continuaron con las gestiones (15). Ese  mismo año, ocurre  otro intento  de  don Julio C. Luque y del Dr. Pedro


(12): Fuenzalida Vollmar Fernando, “El Desafío de Huayopampa”. I.E.P. 1982.

(13): Celestino Cuadrado Olinda, “Migración y cambio estructural: la comunidad de Lampián”-

                 Instituto de Estudios Peruanos IEP- 1972.

(14): Celestino Cuadrado Olinda, (Ibit. 13)

(15): Revista Wallpo, A.I.S. (Ibit. 05)

 

 Minaya Paredes; el año 1961, don Carlos Mora Parra prepara otro proyecto de creación. El año 1975, siendo alcalde Carlos Mora Parra, se formó una comisión que reinició las gestiones paralizadas, integrada por los ciudadanos: Antonio Meza, Urbano Salvador y Vicente Caro Arroyo.

Finalmente, el 11 de mayo de 1976, el anhelo de los pueblos ubicados a lo largo de la cuenca hidrográfica del río Chancay se cristaliza al crearse la provincia de Huaral.


LA NECESIDAD DE CREAR UNA NUEVA PROVINCIA

La demarcación política de la provincia de Canta se remonta a la época del antiguo reino de los Atavillos cuyo núcleo geográfico se localizó en el valle alto de chancay, sus límites territoriales eran por el norte con Cajatambo, por el sur con Huarochirí, por el este con el valle de Junín y por el oeste con los llanos costeros. Cinco señoríos: Piscas, Pari, Xocos o Huamantanga, Canta y los Atavillos (16), conformaban este extenso reino.

En tiempos preincaicos, la civilización de los Atavillos tenía por capital a la milenaria metrópoli de Chiprak, a la llegada de los incas por conveniencia política de los cusqueños la capital fue trasladada a Bombón (Pumpo) en Junín; producido la conquista española, los Atavillos ve trasladar una vez más su capital hacia la ciudad de Canta por convenir a los intereses españoles (17). Sin duda esta nueva modificación político-administrativa motivó que los Atavillos decayera y perdiera su importancia en favor de Canta que crecía en importancia al amparo de los españoles. No debemos olvidar que anteriormente Canta era apenas un frágil señorío tributario y sujeto los Atavillos (18).


(16): Rostworowsky María, Señoríos indígenas de Lima y Canta, 1975.

(17): Espinoza Yupanqui Ruyer, “Comentario histórico sobre la fundación española de Canta-

                 Centro de Investigaciones Atavillos del Perú- CIAP,1983.

(18): Espinoza Yupanqui Ruyer, “El Antiguo Reino de los Atavillos, CIAP, 1982.

 

 Sobre los territorios que ocuparon los cinco curacazgos confederados a los Atavillos, nace primero la “provincia de los Atavillos”, luego tuvo la denominación de “provincia de los Atavillos de Canta”, después paso a llamarse “provincia de canta y los Atavillos”, para finalmente quedar simplemente como “provincia de Canta” (19).

Esta demarcación política heredada de la antigua provincia de los Atavillos, es modificada el año 1836 cuando por decreto del General Andrés de Santa Cruz, los pueblos de la transvertiente occidental de la altiplanicie de Bombón pasan a formar parte del departamento de Pasco, desde entonces el territorio de la provincia de Canta no habría de modificarse sino hasta 1976, cuando se crea la provincia de Huaral. No obstante, durante aproximadamente cuatro siglos, la ubicación geográfica de la capital provincial —en el extremo sur— dificultó la gestión administrativa de los distritos del norte. Esta situación generó desigualdades en la atención estatal, evidenciadas incluso en la organización del magisterio, dividido entre zonas norte y sur. En efecto, los profesores canteños por conveniencia gremial, político y social se agruparon en dos, maestros de la zona norte y maestros de la zona sur de Canta quienes faltando a la unidad del “Magisterio Nacional de Maestros Primarios de la Provincia de Canta”, realizaban reuniones y tomaban acuerdos por separado (20)(21).

 COMUNICADO: Del “Comité Local del Sindicato nacional de Maestros Primarios de Marco, a los maestros de la zona Sur de Canta… teniendo en cuenta el grave estado de la “Asociación Provincial de Maestros Primarios de Canta” a raíz de que los maestros de la zona norte de la provincia se reúnen sin tener en cuenta a sus colegas de la zona Sur.. (22).

Esta notoria discrepancia, muy acentuada o muy mínima entre el magisterio canteño, a la postre, contribuyó a alimentar la conciencia del poblador de la zona norte en su afán de buscar su independencia política de Canta.


(19): Espinoza Yupanqui  Ruyer, (Ibit. 17)

(20): Revista Ideal, número 01- 1960 - Canta

(21): Revista Magisterial, número 03 -1960- Canta

(22): Revista Magisterial, (Ibit. 21)

 

 A la inadecuada ubicación geográfica de la ciudad de Canta como sede administrativa provincial, se suma el poco interés de sus autoridades en ayudar al progreso de los pueblos de la zona norte; así tenemos que en el año 1964, la partida del presupuesto funcional de la República para la provincia de Canta se invierte en obras públicas en la zona norte el 35.12 por ciento, y  quedando en la zona sur el 64.88 por ciento, sin lugar a dudas, muy Injusto y desproporcionado la comparación de las cantidades si tenemos en cuenta que eran ocho los distritos de la zona norte y siete los distritos de la zona sur. En el año 1965 el presupuesto asignado para la provincia de Canta se distribuye el 29.87 por ciento entre los pueblos de la zona norte quedando en la zona sur el 70.13 por ciento. En 1966 se asigna a zona norte solo el 17.34 por ciento, mientras que la zona Sur se destina el 82.66 por ciento (23).

Las cifras de estos tres años nos muestran cómo era la política de Canta para los pueblos de la zona norte; los ofrecimientos demagógicos de los políticos morían al ganar una elección, como era costumbre los pueblos eran utilizados para satisfacer ambiciones individuales o de grupos de gran poder económico de Canta (24).

“Usando los métodos reprobables del chantaje, el caciquismo político pretendió sorprender a la ciudadanía de la zona norte de Canta reunida en Acos” (25).

 

Esos fueron algunos de los antecedentes de la creación de la provincia de Huaral, hemos comprobado la falsedad del decir canteño que la provincia de Canta se creó contra la voluntad de los pueblos de la zona norte, y lo más importante, para aprobar la creación de la provincia de Huaral, representa el hecho real que la totalidad de los pueblos escindidos  están localizados en la cuenca hidrográfica del río Chancay, constituyendo por lo tanto, una unidad geográfica, económica y social con algunas pequeñas  variantes  respecto  a  las condiciones  climáticas, de  aprovechamiento  de recursos y de comportamiento humano. El año 1968  los


(23): Cifras porcentuadas de Canta presente y futuro plan Nacional coalición del Pueblo.1977.

(24): Comunidad campesina de Lachaqui, la verdad sobre su lucha. EPSE-1978.

(25): “Sumbilca”, número 07 -1961

 

 investigadores sociales del Instituto de Estudios Peruanos publicaron un trabajo donde llegaban a estas conclusiones:

“A pesar de que el valle de Chancay es una micro región que posee una unidad que lo caracteriza, desde el punto de vista político administrativo se encuentra dividido: perteneciendo a la provincia de Chancay y a la provincia de Canta… Esta absurda división política del valle no invalida de modo alguno el que se lo considere una unidad dentro de la cual existe una pluralidad de situaciones” (26).

En síntesis, la creación de la provincia de Huaral respondió a una necesidad histórica, geográfica y socioeconómica. En la actualidad, esta jurisdicción se ha consolidado como una de las más dinámicas del país, destacando por su producción agropecuaria y su contribución al abastecimiento de la ciudad de Lima.

Lima, 11 de mayo de 1984.

 

 

 

 

 

 

 

 

  (26): Fuenzalida Vollmar Fernando, (Ibit. 12)

 

 RAICES DE MI PUEBLO- Segunda Edición 2026

jueves, 19 de marzo de 2026

EL BESAMANO EN SUMBILCA: UN RITUAL DE PODER


 

EL BESAMANO EN SUMBILCA: UN RITUAL DE PODER

 

En el pueblo de Sumbilca, al igual que en muchas localidades del Perú, hasta inicios del siglo XX se practicaba uno de los rituales más singulares heredados de estructuras coloniales y medievales: la ceremonia del besamanos. Este acto, revestido de un aparente simbolismo, constituía en realidad una manifestación de poder ejercido por los sectores dominantes sobre la población más vulnerable. La práctica consagraba la sumisión y la obediencia de grupos generalmente analfabetos frente a las élites locales. En su forma feudal, el besamanos representaba el homenaje del vasallo a su señor, a quien reconocía como autoridad y al que juraba obediencia; como prueba de esta relación de dependencia, el súbdito estaba obligado a besar la mano de su superior.

En Sumbilca, el besamanos adoptaba características particulares, aunque mantenía su esencia como acto de subordinación. Era común que las personas de escasos recursos eligieran como padrinos a individuos adinerados o influyentes de la comunidad. Así, cuando el ahijado —niño o joven— se encontraba con su padrino en la vía pública, lo saludaba con una reverencia y solicitaba besarle la mano en señal de respeto. El padrinazgo derivaba en un vínculo de compadrazgo, entendido como una relación de parentesco espiritual o de afinidad, que generaba obligaciones recíprocas. En la práctica, este lazo implicaba que el padre del ahijado brindara apoyo al padrino, especialmente en trabajos comunitarios o en la toma de decisiones colectivas, como las votaciones en asambleas, contribuyendo así a resguardar los intereses de este último.


Raíces de mi Pueblo - 03-2026 - Ruyer Espinoza Yupanqui

miércoles, 18 de febrero de 2026

TADEO YUPANQUI, Un bandolero social

 

TADEO YUPANQUI, UN BANDOLERO SOCIAL

Tadeo Yupanqui (Imagen figurada)

     La información documental acerca de la existencia del sumbilcano Tadeo Yupanqui es escasa; sin embargo, los relatos de tradición oral transmitidos por generaciones sugieren su presencia hacia fines del siglo XIX, periodo caracterizado por una intensa conflictividad social en el Perú.

            De acuerdo con estas fuentes orales, sus incursiones y desplazamientos dieron lugar a percepciones contrapuestas. Para algunos, fue considerado un simple salteador de caminos; para otros, en cambio, se trató de un personaje solidario y generoso, dotado de un marcado sentido de justicia frente a la opresión y al malestar social. Se le describe como un individuo que no dudaba en enfrentarse a los hacendados del valle bajo de Huaral, así como a los miembros de la Guardia Civil que lo perseguían.

        Con el tiempo, adquirió entre amplios sectores de la población la imagen de un justiciero que se habría rebelado contra la tiranía y la injusticia del Estado, defendiendo a los pobladores de los abusos cometidos por poderosos terratenientes de la región. En este contexto, numerosos simpatizantes se habrían sumado a su causa, conformando una banda que lo acompañaba en sus incursiones por diversas haciendas del valle bajo.

      Durante los últimos años del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX, el bandolerismo se consolidó como un fenómeno persistente en distintas regiones del Perú, especialmente en áreas rurales donde la presencia efectiva del Estado era limitada. En ese escenario, la geografía accidentada, las profundas desigualdades sociales y la debilidad institucional favorecieron la aparición de grupos armados dedicados al asalto, el saqueo y la extorsión. Muchos de estos bandoleros actuaban en cuadrillas organizadas y operaban en rutas comerciales, haciendas o zonas de tránsito obligado. Su accionar generaba temor tanto en las autoridades como en la población local; no obstante, también dio lugar a interpretaciones más complejas. En determinados casos, algunos de estos personajes fueron percibidos por sectores populares como figuras de resistencia frente a los abusos de poder, lo que contribuyó a forjar una imagen ambivalente, situada entre la criminalidad y la justicia social.

        En este sentido, al igual que el célebre Luis Pardo Novoa, Tadeo Yupanqui alcanzó notoriedad y llegó a convertirse en un símbolo de rebeldía para los campesinos de la región, a quienes presuntamente auxiliaba, lo que motivó su asociación con la figura del “Róbin Hood”. Su trayectoria ilustra cómo el bandolerismo podía adquirir dimensiones sociales y simbólicas que trascendían la mera actividad delictiva.

SERIE: Raíces de mi Pueblo 2026-02

Ruyer Espinoza Yupanqui


viernes, 2 de enero de 2026

DANZA DE LOS NEGRITOS DE SUMBILCA “CACHAHUAY”





 


ORIGEN DE LAS CRUCES EN EL PERÚ

DANZA DE LOS NEGRITOS DE SUMBILCA “CACHAHUAY”

Escribe: Ruyer Espinoza Yupanqui


      Francisco Pizarro, denominado el Marqués de los Atavillos, fue el iniciador del culto a las cruces en el Perú poco después de su llegada a las tierras de Tumbes. Este hecho histórico no solo marcó el inicio de la implantación del credo católico en el territorio peruano, sino que también dio lugar a un proceso sistemático de imposición ideológica y religiosa sobre las poblaciones originarias. Los conquistadores españoles comprendieron que una dominación sostenida exclusivamente en la fuerza militar carecía de estabilidad si no se consolidaba mediante una conquista espiritual. En consecuencia, se propusieron desestructurar culturalmente al Imperio del Tahuantinsuyo mediante la coerción, la institucionalización del poder colonial y el empleo de estrategias doctrinarias destinadas a implantar una cultura considerada “civilizada”, en la que se exaltaba a un dios omnipotente y justo, pero que castigaba severamente a quienes eran catalogados como “pecadores”, generalmente identificados con los pueblos indígenas.

      La denominada guerra religiosa, impulsada por clérigos españoles y extirpadores de idolatrías, se prolongó durante todo el periodo colonial, alcanzando su mayor intensidad en las dos primeras centurias. Las huacas, pacarinas, shaguanes, callanes, cunupas, mallquis o munaos, machays y demás entidades sagradas del mundo andino fueron calificadas como perniciosas y peligrosas, por lo que se buscó su erradicación total. Tales creencias eran consideradas una amenaza para el dominio colonial, pues se estimaba que fomentaban la resistencia indígena, como ocurrió con la rebelión de Túpac Amaru II, quien, invocando al dios Sol de sus antepasados, se alzó contra el poder colonial.

En este contexto, los españoles recurrieron ampliamente al llamado “poder divino” de su dios para convertir a los indígenas, quienes, aferrados a sus deidades ancestrales, opusieron una resistencia persistente. Es entonces cuando emergen los relatos de milagros atribuidos a santos y santas, concebidos como instrumentos de persuasión para demostrar la supremacía de la fe cristiana ante los considerados incrédulos. Resulta significativo que dichos milagros, una vez cumplida su función evangelizadora, dejaran de manifestarse.

     En numerosos casos, estos supuestos milagros no fueron obra de una intervención divina, sino el resultado de acciones deliberadas por parte del clero español. Así surgieron relatos que se entrelazaron con leyendas locales, configurando narraciones híbridas que combinaban elementos prehispánicos con la fe católica. Ejemplos de ello son la aparición de la Virgen de la Cueva Santa de Pariamarca y la imagen mariana de Pacaraos, ambas con notables similitudes con la historia de Nuestra Señora de la Cueva Santa del Latonero (España, siglo XVI). De igual modo, la tradición del Señor de Huamantanga, en la provincia de Canta, datada a fines del siglo XVI, guarda paralelismos con el Señor de Huamantanga de Jaén (Cajamarca), hacia las décadas de 1870 y 1880, así como con la devoción al Señor de Canchapilca, en la provincia de Huaral. Estas narraciones, sorprendentemente coincidentes, se repiten en numerosas localidades del territorio nacional e incluso en otros espacios del mundo católico.

        Si bien el milagrerismo español logró un impacto considerable en una población habituada a la cosmovisión simbólica y ritual, la doctrina católica no logró imponerse de manera absoluta sobre los cultos ancestrales. En su lugar, se produjo un proceso de fusión que dio origen a un marcado sincretismo religioso. Para preservar sus antiguas deidades, los pueblos andinos optaron por enterrarlas simbólicamente junto a las cruces que se veían obligados a venerar. Paralelamente, los clérigos dominicos, responsables de la evangelización, reorganizaron las festividades católicas sobre la base de celebraciones indígenas preexistentes, generando una cultura híbrida con nuevos elementos sociales y culturales. De este proceso emergieron danzas y comparsas mestizas como los negritos, los huancos, los chunchitos, las pallas, la contradanza y el rodeo, las cuales acompañan hasta hoy las fiestas patronales de diversas localidades de la región Lima.

      La proliferación de relatos de milagros y castigos divinos contribuyó a que el periodo colonial, que se extendió aproximadamente por 290 años, sea considerado una etapa de profunda alteración de la conciencia colectiva del pueblo peruano, especialmente de las poblaciones indígenas. La visión politeísta andina se vio transformada de manera significativa; como señalaba un estudioso, “si antes se adoraban diez dioses, con la incorporación del dios español se pasó a once”.


                    Festividad de las cruces en el pueblo de Sumbilca Huaral (02-06 enero)



ORIGEN DE LAS CRUCES DEL PUEBLO DE SUMBILCA (HUARAL)

      En este contexto de confusión, incertidumbre y oscuridad espiritual para la población indígena, se fusionaron lo real y lo imaginario, dando lugar a una profusa producción de relatos míticos y fabulosos. Duendes, encantos, penas, viudas, diablos y diversas entidades sobrenaturales poblaron el imaginario colectivo. En Sumbilca surgieron narraciones impregnadas de misterio, como el Encanto de Capusa, la Leyenda del Diablo Mateo, el Toro misterioso de Picay, la Leyenda del paludismo, los Huancos de Tapar, el Juicio de Recaudilloso, el Toro frontino de Peña Grande, la Viuda de Quipón, la Serpiente de oro de Shaullimarca, la Dama encantada de Huallarenca, la Flama de Huitico, los Engaños de Alancho, el Gallinazo de Anaychaco, las Vacas cerreras y Campanatorre, entre muchas otras historias que conforman la tradición oral sumbilcana.

      La memoria oral sostiene que, cuando los pobladores se dirigían a cumplir labores agrícolas o realizaban viajes entre comunidades, eran víctimas de ataques atribuidos a duendes o aparecidos, quienes les arrojaban piedras o los extraviaban mediante encantamientos. El temor resultante llevó al abandono de chacras y ganado. Ante esta situación, el cura del pueblo —quien posiblemente contribuyó a reforzar la verosimilitud de tales relatos— dispuso la instalación de grandes cruces de madera en los principales caminos de acceso y salida del pueblo, con el fin de proteger a la población de los malos espíritus. En Sumbilca se erigieron cinco cruces en los parajes de Aurincay, Shaullimarca, Mitococha, Cunullallpa y Progreso. La etimología de estos topónimos sugiere significados simbólicos vinculados al imaginario local, tales como lugares de ocultamiento, límites comunales, lagunas sagradas o espacios asociados a fenómenos naturales, así: Aurincay, “lugar por donde desaparecen o se ocultan”; Shaullimarca, “limite del pueblo por donde crecen shaullis”; Mitococha, “laguna donde hay plantas de mitos”; Cunullallpa, “huaca o sitio sagrado donde caen relámpagos”.


DANZA DE LOS NEGRITOS DE SUMBILCA “CACHAHUAY”


                   Negritos de Sumbilca durante el tradicional concurso del 06 de enero




         En el pueblo de Sumbilca, entre el 2 y el 6 de enero, coincidiendo con la antigua festividad incaica del Qhapaq Raymi, se celebra la Fiesta de las Cruces. El principal símbolo de esta celebración es la danza de los Negritos de Sumbilca, también conocida como Cachahuay.

      El origen de esta danza se vincula a concepciones mestizas sobre entidades demoníacas o duendecillos del mundo andino, como la huaraclla o el muqui, que, según la tradición oral, atemorizaban a los pobladores cuando se alejaban del núcleo urbano. Asimismo, se reconoce una posible influencia de la región de Huánuco. Durante la época colonial, los hacendados españoles de dicha región solían conceder libertad temporal a sus esclavos negros desde la víspera del 24 de diciembre hasta el 6 de enero. En ese periodo, los esclavos celebraban con bailes y rituales dedicados al Niño Jesús. Aprovechando la ausencia de sus amos, muchos de ellos satirizaban y ridiculizaban a la élite colonial, vistiéndose con sus ropas y parodiando sus comportamientos. De esta práctica surgieron personajes como la marica o mariquía, el doctorcito y el caporal.

      La coreografía es presidida por el diablo mayor y su acompañante (capucho y marica), y a diferencia de danzas como la contradanza o los huancos, es ejecutada principalmente por jóvenes y niños, lo que explica el uso del diminutivo “negritos”. La musicalización está a cargo de conjuntos que emplean instrumentos mestizos, como el arpa y el violín, los cuales interpretan la denominada prueba, con variaciones melódicas según la cofradía o entidad participante.

     La danza de los negritos, con ligeras variaciones, se practica en numerosos pueblos del Perú bajo diversas denominaciones, como morenada, negrería, pachahuara, negreada, rey moreno, sacra, huaylía, atajo de negritos, corcovados o viejos de Navidad. En la región Lima destacan los Negritos de Sumbilca, San José, Chauca, Quipán y los Diablitos de Canta. En todos los casos, esta danza se encuentra estrechamente vinculada a festividades religiosas como la Fiesta de las Cruces, la Navidad y la Pascua de Reyes.

      Como expresión cultural afroandina, la danza de los negritos constituye una manifestación festiva de profundo sincretismo religioso y cultural. En ella convergen elementos occidentales y andinos, configurando una representación simbólica que hoy forma parte del patrimonio cultural del Perú, en tanto expresa la identidad y las raíces históricas de la nación.


La danza de Los Negritos de Huánuco es una de las manifestaciones culturales con mayor representación en todo el Perú. El Ministerio de Cultura declaró a la danza de los Negritos de Huánuco como Patrimonio Cultural de la Nación, por ser un género muy difundido en toda la región andina y que se ha convertido en un emblema de identidad para el departamento de Huánuco.



FESTIVIDADES DEL PERÚ DONDE SE INTERPRETA LA DANZA DE LOS NEGRITOS


      Se registra la presencia de esta danza en diversas festividades del país, entre ellas: Amazonas (Fiesta de las Cruces, 2 de mayo); Huaraz (Virgen del Rosario, 4 de octubre); San Jerónimo de Andahuaylas (Bajada de Reyes, 6 de enero); Antabamba (Navidad, 25 de diciembre); Huancavelica (Niño Perdido, 14 de enero); Collao (2 de enero); Huallán (Navidad, 25 de diciembre); El Carmen–Chincha (Virgen del Carmen, 27 de diciembre); Marco–Jauja (Niño Jesús, 25 de diciembre); Concepción, Chupaca y Chongos Alto (Bajada de Reyes, 6 de enero); Acobamba (Señor de Muruhuay, 2 de mayo); Vicco–Pasco (Niño Jesús, 2 de enero).

      La indumentaria de los Negritos de Sumbilca se compone de una máscara de cuero negro, con ojos prominentes y labios gruesos de color rojizo, que evocan la fisonomía de los esclavos africanos del periodo colonial. El vestuario se completa con una cotona o casaca de algodón, adornada con espejuelos y bordados de hilo dorado con motivos religiosos con colores distintivos que varían de acuerdo a cada entidad, así como con la montera o chalapinco, decorada con bellotas multicolores. Las piernas se cubren con bandas verdes, similares a las utilizadas por antiguos soldados.

      La danza se caracteriza por movimientos alegres y dinámicos, con giros, contoneos y figuras acrobáticas al ritmo del violín y el arpa. La armonía musical y la expresividad corporal generan una experiencia estética que cautiva los sentidos del espectador. El término cachahuay se asocia a una posible alteración fonética del vocablo quechua machahuay, que significa embriagar o cautivar los sentidos, aunque también podría derivar de quechway, que alude al acto de torcerse o doblarse, en alusión a los movimientos acrobáticos propios de esta danza.

Serie: RAÍCES DE MI PUEBLO-01-2026-Ruyer Espinoza Yupanqui

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