EL BESAMANO
EN SUMBILCA: UN RITUAL DE PODER
En
el pueblo de Sumbilca, al igual que en muchas localidades del Perú, hasta
inicios del siglo XX se practicaba uno de los rituales más singulares heredados
de estructuras coloniales y medievales: la ceremonia del besamanos. Este acto,
revestido de un aparente simbolismo, constituía en realidad una manifestación
de poder ejercido por los sectores dominantes sobre la población más
vulnerable. La práctica consagraba la sumisión y la obediencia de grupos
generalmente analfabetos frente a las élites locales. En su forma feudal, el
besamanos representaba el homenaje del vasallo a su señor, a quien reconocía
como autoridad y al que juraba obediencia; como prueba de esta relación de
dependencia, el súbdito estaba obligado a besar la mano de su superior.
En
Sumbilca, el besamanos adoptaba características particulares, aunque mantenía
su esencia como acto de subordinación. Era común que las personas de escasos
recursos eligieran como padrinos a individuos adinerados o influyentes de la
comunidad. Así, cuando el ahijado —niño o joven— se encontraba con su padrino
en la vía pública, lo saludaba con una reverencia y solicitaba besarle la mano
en señal de respeto. El padrinazgo derivaba en un vínculo de compadrazgo,
entendido como una relación de parentesco espiritual o de afinidad, que
generaba obligaciones recíprocas. En la práctica, este lazo implicaba que el
padre del ahijado brindara apoyo al padrino, especialmente en trabajos
comunitarios o en la toma de decisiones colectivas, como las votaciones en
asambleas, contribuyendo así a resguardar los intereses de este último.
Raíces de mi Pueblo - 03-2026 - Ruyer Espinoza Yupanqui
